El hombre que precedía a la postmodernidad era de mayor compromiso social, de vida de servicio y de mayor sentido de utilidad, pero también, asumía una vida cargada de altruismo. Ese hombre y esa mujer, asumían ideales, tenían propósitos, creían en la fuerza de la palabra y tenían una identidad firme.
Después de la Guerra Fría, después de que el mundo dejó de ser bipolar, se perdió las ideologías, la postmodernidad apostó a un mundo del mercado, del consumo y de una economía global no para el servicio y crecimiento de las personas, sino para el fortalecimiento de los grandes capitales y de los grandes mercados.
Todo el aprendizaje social de la vida colectiva, corporativa y de servicio social se fue anulando para crear sociedades individualistas, competitivas, desiguales y diferentes que reforzaran en las personas la indiferencia, la apatía y el desinterés por la solidaridad humana.
Ese perfil del pragmatismo social se produce en toda la sociedad y en todo los grupos sociales, desde la política, los empresarios, los gremios, los sindicatos, con la desgracia particular de que suelen ser empaticos, livianos y superficiales para formar parte de el nuevo código pragmático: un ser que busca el éxito y la realización sin ética pública ni privada, debido a que se despertó en la sociedad de los iguales. Ahora sí estamos pobres de verdad; ahora hay familias, parejas, alumnos, amigos y ciudadanos pragmáticos. La postmodernidad ha estimulado a hombres y mujeres a vivir entre el éxito y la agonía del nuevo estatus social, ¿En cuál está usted?
En esta crisis económica, social y existencial habrá que reinventar un nuevo ser social, incluyente, que digiera la equidad y la justicia social y, de una personalidad con valores perdurables y actitudes no relativas, capaz de confrontar los nuevos paradigma de la economía de los tecnócratas y burócratas financieros, dinosaurios de la riqueza social.
Para los de la cultura de la prisa y del relativismo-ético estos son planteamiento de hombres de poca inteligencia, ya que la vida hay que asumirla con el confort y las nuevas circunstancias sociales. ¡Oh, Dios! ¿Cuánto pragmatismo?
Por jose Miguel gomez, publicado en listin diario el domingo 29 de Marzo. 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
Apaltagua Reserva Cabernet Sauvignon
Notas del enólogo
Apaltagua Reserva Cabernet Sauvignon se caracteriza por ser un vino sofisticado y elegante. Destacan en él sus notas a frutillas y cerezas. En boca es aterciopelado y de buen cuerpo. Su final es sabroso y prolongado.
Apaltagua Reserva Cabernet Sauvignon se caracteriza por ser un vino sofisticado y elegante. Destacan en él sus notas a frutillas y cerezas. En boca es aterciopelado y de buen cuerpo. Su final es sabroso y prolongado.
domingo, 15 de marzo de 2009
14 Marzo 2009, 7:56 PM
De salud y otras cosas
Escrito por: CESAR MELLA
¿Qué es lo que pasa?Recuerdo que en los años 50 en mi natal San Pedro de Macorís, en la barriada siempre teníamos a un señor mayor al que todos los muchachos le conferíamos autoridad. Es más, a eso de las 10 de la noche este personaje podía presentarse a la esquina y “mandar a acostar a todo el mundo”, y nadie se atrevía a chistar.
Eran épocas en que los vecinos “corregían” a los hijos de los otros, es más, el compadre estaba autorizado a poner castigos a sus ahijados en casos especiales con la aprobación de los padres.
El sector se convertía en una red solidaria de control social en donde ladrones y agresores potenciales se mantenían a raya.
Viene a mi memoria que el “pasarse platos de comidas” constituía una emoción tal para los infantes que “dejaban el manjar de su casa por comerse la del vecino”.
Aunque estábamos asistiendo a la parte final de una larga tiranía y a una suerte de apertura democrática, aun la escuela, sobre todo la llamada pública, jugaba un papel regulador de las conductas.
La supervisión de la higiene personal de los chicos; la adecuada entonación de los himnos a los símbolos patrios y la siempre bien ganada fama de los profesores de las áreas deportivas, constituía un cierto orgullo en todo el territorio nacional.
Recuerdo a un señor que se ufanaba de su pobreza de solemnidad. El le dejaba un rato a sus hijos la boca embadurnada de crema de auyama advirtiéndoles que si le preguntaba qué había comido le respondiera: “yema de huevo criollo”.
Vivimos en un mundo frío, insolidario, consumista y materialista.
Nos estamos acostumbrando a no sentir, somos frías máquinas de producir dinero.
Observo que las personas de “buenos sentimientos” que aún quedan, son una mezcla armoniosa de su personalidad de base, del desarrollo e influencia familiar recibida y de cómo han toreado las adversidades del ambiente para “sobrevivir” siendo un ser humano de calidad… ante tantas tentaciones y malos ejemplos que a diario nos abaten y nos tientan a delinquir.
Hay de todo en la viña del Señor. He visto sacerdotes y pastores “fríos y calculadores”, pero aun aparece uno que otro humilde campesino iletrado que sus vecinos califican como “un alma de Dios”.
Sé que siempre ha existido el bien y el mal, de acuerdo, pero: creo que lo que estamos viendo como comportamiento humano en este siglo XXI es incomparable.
Desde que Caín mató a su hermano Abel la humanidad se siente impotente ante tanta violencia.
Padres que me leen: a trabajar en inculcar valores a sus hijos.
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De salud y otras cosas
Escrito por: CESAR MELLA
¿Qué es lo que pasa?Recuerdo que en los años 50 en mi natal San Pedro de Macorís, en la barriada siempre teníamos a un señor mayor al que todos los muchachos le conferíamos autoridad. Es más, a eso de las 10 de la noche este personaje podía presentarse a la esquina y “mandar a acostar a todo el mundo”, y nadie se atrevía a chistar.
Eran épocas en que los vecinos “corregían” a los hijos de los otros, es más, el compadre estaba autorizado a poner castigos a sus ahijados en casos especiales con la aprobación de los padres.
El sector se convertía en una red solidaria de control social en donde ladrones y agresores potenciales se mantenían a raya.
Viene a mi memoria que el “pasarse platos de comidas” constituía una emoción tal para los infantes que “dejaban el manjar de su casa por comerse la del vecino”.
Aunque estábamos asistiendo a la parte final de una larga tiranía y a una suerte de apertura democrática, aun la escuela, sobre todo la llamada pública, jugaba un papel regulador de las conductas.
La supervisión de la higiene personal de los chicos; la adecuada entonación de los himnos a los símbolos patrios y la siempre bien ganada fama de los profesores de las áreas deportivas, constituía un cierto orgullo en todo el territorio nacional.
Recuerdo a un señor que se ufanaba de su pobreza de solemnidad. El le dejaba un rato a sus hijos la boca embadurnada de crema de auyama advirtiéndoles que si le preguntaba qué había comido le respondiera: “yema de huevo criollo”.
Vivimos en un mundo frío, insolidario, consumista y materialista.
Nos estamos acostumbrando a no sentir, somos frías máquinas de producir dinero.
Observo que las personas de “buenos sentimientos” que aún quedan, son una mezcla armoniosa de su personalidad de base, del desarrollo e influencia familiar recibida y de cómo han toreado las adversidades del ambiente para “sobrevivir” siendo un ser humano de calidad… ante tantas tentaciones y malos ejemplos que a diario nos abaten y nos tientan a delinquir.
Hay de todo en la viña del Señor. He visto sacerdotes y pastores “fríos y calculadores”, pero aun aparece uno que otro humilde campesino iletrado que sus vecinos califican como “un alma de Dios”.
Sé que siempre ha existido el bien y el mal, de acuerdo, pero: creo que lo que estamos viendo como comportamiento humano en este siglo XXI es incomparable.
Desde que Caín mató a su hermano Abel la humanidad se siente impotente ante tanta violencia.
Padres que me leen: a trabajar en inculcar valores a sus hijos.
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