Los animales, incluyendo a los hombres, pelean con más fuerza para
defender posibles pérdidas que para lograr posibles ganancias, esto es igual en
el mundo animal.
Este principio explica los éxitos de los grandes defendedores de su
territorio. Un biologista observo que “cuando un dueño de un territorio es
atacado por un rival, el dueño del territorio casi siempre gana la pelea, - en
casi todos los casos en pocos segundos de lucha.
En materia humana la misma regla aplica para explicar qué pasa cuando
las instituciones tratan de reformarse a ellas mismas en reorganizaciones y
restructuraciones de compañías y lograr esfuerzos para racionalizar la
burocracia, o simplificar la política fiscal, o reducir los costes médicos. Como
inicialmente son concebidos los planes, casi siempre producen muchos ganadores
y algunos perdedores mientras se logra un beneficio para todo el grupo. Si las
partes afectadas tienen alguna influencia política, los potenciales perdedores serán
más activos y determinados que los posibles ganadores, el resultado será prejuiciado
a su favor e inevitablemente más caro y menos efectivo será el plan como fue
concebido.
Las reformas comúnmente contienen clausulas que protegen a las antiguas
partes interesadas, por ejemplo cuando la planilla de trabajadores es reducida (por cansancio más que por disminución), o
cuando se cortan salarios solo para los nuevos empleados contratados.
La aversión a las perdidas es una
fuerza poderosa conservadora que favorece mínimos cambios del estatus quo de
las instituciones así como en la vida individual. Este conservadurismo ayuda a
mantener estable nuestro vecindario, nuestros matrimonios, y nuestro trabajo.
Es la fuerza gravitacional que mantiene unidas nuestras vidas juntos y cerca
del punto de referencia.